Jamás sucede

Este dolor intenso se extiende en mi cuerpo como un mal presagio. Angustia de llorar sin pausa como lluvia de domingo en la tarde. Latidos ansiosos resonando en mi estómago, contengo el deseo de llamarte a gritos.
No debo. Algo sucede pero en mi pequeñez no lo descifro. Sólo el desasosiego sin contenido ni significante. Un jadeo inexistente se instala por detrás de mi, sobre el hombro derecho. Respiración agitada que anima un temor envolvente, regresas a mi en forma de presentimiento golpeándome el alma.
Empujo lo que no entiendo. Anoche el llamado fue tan poderoso que desperté sobresaltada. Caminé la casa buscando instrucciones que no aparecieron. Me dormí nuevamente ya de madrugada. No se qué debo hacer, a veces rezo.
No quiero romper mi propio juramento, me deshago centímetro a centímetro antes de traicionarme. Por momentos soy agua, luego piedra, luego nada... Si me traiciono yo también, ¿Qué me queda?
Tengo una caja llena de razones para no llamarte. La busco por todos los rincones, no puedo recordar dónde la he puesto. Es parte de la trampa. Juego al truco y voy a vos. Me hamaco en la ilusión de tus impulsos. Espero ilusionando en que esta vez tomes las riendas.
Jamás sucede.
Sencillamente porque no le importa.

