Circulo de Fuego

Trazo un circulo de fuego en el espacio sagrado que juntos construimos en algún otro noviembre, invocando a los mismos dioses que alguna vez nos acercaron para que presidan la ceremonia.
Del este hacia el sur, tres veces doy la vuelta en el sentido de las agujas invisibles del reloj de arena que tus manos inventaron, atrapando el tiempo que era sólo nuestro, que se detuvo implacable en algún punto fijo que no alcanzo a precisar. Con agua y sal consagro este espacio sagrado en un intento -vano- de regresar aquellas energías al lugar de donde vinieron, quién sabe por qué añoro aún aquel inicio del que ya nada queda.
Nada evitará la repetición infinita de fechas, nada evitará que siempre yo recuerde, ni que tú por siempre olvides. Nada alterará la lluvia de aquella tarde o la que no fué de esta otra.
Llevo rojo en mis ropas como simbolo de identidad, hechizo en mi cabello suelto, el pecho encendido invocando tu presencia. Disperso la soledad apelando a nuestros pactos musicales, mi voz despeja cualquier duda disfrazada de silencio. Entonces no son gotas sino acordes los que esta vez trazan caminos imprecisos que se elevan hacia la oscuridad de la noche.
Soy pensamiento, verso y palabra reclamando tus besos en este cierre que recuerda tu apertura. Nostalgia de impulsos. Perfumo el aire de jazmines al comenzar mi danza, los duendes tejieron para mi una sencilla tiara de pétalos blancos que se sostiene etérea sobre mi cabeza. El aroma dulzón despierta mis sentidos, mi baile se vuelve más y más sensual atrayendo imágenes fragmentadas con aroma a vainilla.
Giro sobre mi misma derramando hojas de menta para despertar la tierra, tiemblan unos instantes entre mis manos, se deslizan luego entre las notas de mi canto, finalmente caen en suave vaivén acariciendo el aire.
Todo mi ser es ahora un centro solitario que vibrando penetra este circulo protector, fecundando en él cualquier espera infinita, bendiciendo la pasión -señal y sello al mismo tiempo- viajando simultáneamente del pasado al presente porque el tiempo ya no existe, todo es ahora en un mismo momento, confundiendo realidades, personajes, situaciones.
La noche se extiende en horas como parte del juego humano.
Saber que no estarás no te aleja. Un dios impostor encarna tu energía, el espiral vital no puede -ni debe- interrumpirse. Poder, fuerza y eternidad han de ser manifestados en la unión constante de los cuerpos. Lo que fué, lo que será, lo que es en este preciso momento en el que quien no ocupe su lugar será condenado a perderlo. Ambos lo sabemos. El instinto cumple su destino fusionando la dualidad. Tú no llegas o yo no estoy, es lo mismo.
En tu espiral hay un vacio que no notas, un punto que desciende, que quiebra la transición natural del círculo, un angulo que destruye tu conexión con el origen. Lo que debía ser aprendizaje ha ocupado el sitio de la vida misma. Estático y esclavo te condenas a la ausencia perpetua de cualquier secuencia.
Habrá amanecer una vez consumado el ritual. El circulo finalizará uniendo el inicio del fin, un eterno perpetuo donde todo ha sido. El rocío de la mañana bautizará la piel, consagrará los cuerpos, bendecirá la ceremonia de entrega, honrando así los ciclos de los seres vivos enmarcados en el círculo perfecto.
De todos modos... Nada evitará la repetición infinita de fechas ni evitará que tú por siempre olvides, ni que yo eternamente recuerde...

