Éter! Ni da (dejalo ir...)
-La opción puede ser, también, dejarse querer...
Como esa idea le vino de repente, una noche en la que no podía dormir, decidió dejarla crecer. Le dió vueltas, la miró por sus varios costados y luego le pintó alas. Muchas veces se había preguntado a sí misma, si estaba enamorada de tal o cual.
Ahora veía, en medio de la oscuridad, que el resultado, en la mayoría de los casos, era similar: grandes amores unilaterales, de hombres cuyo juramento de amor eterno duraba unos seis meses.

