Palabras sueltas
Y toda esa larga charla explicativa fueron excusas que inventaste, para escuchar que finalmente no estaba enojada. Sí estaba enojada. Estoy enojada. Bueno, tal vez no sea enojada la palabra. Quizás estoy dolida simplemente. Decepcionada, Un poco más, siempre un poco más. Sólo que de nada valía mencionarlo.Porque de todas maneras ya no estoy aquí.
No soy aquella con la que hablaste por teléfono, aún cuando no te has dado cuenta de tantas palabras que pusiste entre ambos cuando se necesitaba una sóla, que pronunciaste casi al final de la charla, porque lo sugerí yo cuando la cháchara llegó a abrumarme:
-Perdón -dijiste, y creo que agregaste- Tenés razón.
Perdonado.
Pero no quiero tener razón. Quisiera estar equivocada y que no exista nada que perdonarte ni de lo cual nadie tenga que ser perdonado. Perdonado. sin culpa y cargo. Queda libre. Nada por reparar, vaya nomás.
Igual ya no estoy aquí.
Ni en ninguna parte. Ya no estoy para vos de aquella incondicional y única manera. No vas a volver a encontarme porque ésta que soy ahora elige con quien se sienta a charlar, a quién le regala de su mundo interno, a quién se entrega, con quién se da y en qué ocasiones.
Repaso la lista y ya no te veo en ella.
Pudiste pronunciar las mágicas, aquellas que abren las puertas de cualquier corazón. Por suerte no lo hiciste y todo lo que le rozó sonó tan inmensamente falso que agradezco que no se te ocurriera ni para mentir.
Esta que se me parece pero no es, decidirá también en un futuro si confiarte todo lo que le es manifestado o simplemente conservarlo en lo profundo. Porque nada cuidas. Ni lo tuyo, ni lo ajeno. Se lo he explicado a la madre y estuvo de acuerdo. Por eso, y porque es posible que volvamos a vernos, es que notarás que lo que fue ya no es. Ni volverá a serlo.
Porque aquella niña no volverá a estar de esa despojada manera para tus descuidos personales. Sencillamente...










