
Hablabas sobre lo que viviste en los últimos tiempos. Pero esta mañana lo recordé y corrí a mi libretita para comprobar que había anotado la frase de esa especial manera. Porque como me suele suceder cuando me decís algo que cosechás en tus reflexiones personales de intenso dolor y vacío, que yo no siempre comprendo del todo, simplemente lo guardo en mi alma para que se ilumine cuando sea necesario.
Dejé a mis chicos muy temprano en el colegio y en el regreso tu imagen durmiendo abrigado en la mañana sureña luego del frío que pasaste anoche pescando truchas me recordó la frase, como si aún dormido supieras que allí estaba lo que yo necesitaba. Tal vez porque tu llamado anoche tuvo mucho de "compasivo", sin que yo alcanzara a contarte lo que estaba viviendo desde que te fuiste el domingo.
Compasión como conexión profunda.
Compasión como apertura.
Compasión hacia uno mismo para extenderla necesaria hacia afuera, "con" y "por".
Compasión como parte de la sabiduría personal traducida en una generosidad sin sentimentalismos baratos ni formas fingidas de lamentación, ni golpecitos condescendeientes en la espalda, ni frases de rigor que no dicen nada.
Compasión hacia la incertidumbre personal, inexorable fin el que nos espera, inmenso vacío que se abre siempre hacia los costados.
Compasión que reflexiona el sufrimiento sin negarlo, volviendo propio el dolor del otro, en este complejo entramado de vida donde todos somos uno en el devenir mismo de las horas. No como remedio a lo inevitable, que no debe alterarse porque es necesario en su raíz. Sino como un sufrimiento acompañado del que extiende la mano y permanece en silencio abarcando el dolor del propio sufrimiento, permitiéndole fluir y manifestarse.
Compasión que no es consuelo quebrando la igualdad del intercambio, sino presencia limitada, ausencia de respuestas, desapego al dolor o a la alegría, según el caso.
Buda decía que uno de los elementos activos de la compasión es DAR.
Y que hay cuatro tipo de personas:
Las que sólo se dan a las demás.
Las que sólo se dan a sí mismas.
Las que no dan ni a sí mismas ni a los demás.
Las que dan a sí mismas y a los demás.
En la última está escrita la ausencia de maldad.
***
Antes de irte me preguntaste con qué parte tuya yo me conectaba más.
Con la que siempre tiene algo para darme, tan profundo y tan sencillo que dificilmente pueda encontrarlo durante el día en algún otro lado que no sea el pedacito de tu alma que me pertenece. Por los siglos de los siglos.
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